Opinión

Si Colombia hubiera guardado el sol, El Niño no nos cobraría dos veces

El Caribe tiene sol casi todo el año. El interior vive del embalse. Sin baterías ni cables, cada sequía prende térmicas y sube la luz. La tecnología no falló: sobró el retraso.

El Niño no inventó el apagón. Solo cobró una deuda vieja: un país que genera con agua y casi no guarda energía.

La costa tiene sol de sobra. La Guajira tiene viento. El interior tiene ríos. Esa combinación, bien armada, habría cambiado tres cosas concretas.

1. La factura en sequía.

Cuando bajan los embalses, hoy se encienden plantas a gas y carbón. El kilovatio se pone caro y el recargo llega a la casa. Parques solares y eólicos con baterías habrían cubierto parte de esa punta. No todo. Sí lo suficiente para que el “precio de escasez” no se comiera el salario de tres meses.

2. El mapa de la luz.

La energía se produce lejos de donde se gasta. Sin líneas fuertes Costa–interior, el sol de La Guajira se queda allá y Bogotá sigue pendiente del embalse de Chingaza o de un contrato térmico. Un cable no es poesía climática. Es que el watt del desierto llegue al tomacorriente del barrio.

3. El empleo que no depende solo del pozo.

Ecopetrol y el carbón pagan regalías y caja fiscal. Nadie lo borra con un tuit. Pero una industria de montaje, operación y mantenimiento de renovables en La Guajira, el Cesar y el Atlántico habría abierto otra nómina en las mismas regiones que hoy tiemblan cuando se habla de “transición”. Transición sin empleo local es decreto. Con empleo, es política.

¿Por qué no pasó? No porque el panel no existiera. Porque la licencia tarda más que el fenómeno de El Niño, porque el almacenamiento se trató como lujo y porque cada gobierno usó la matriz como bandera: unos para no firmar contratos de petróleo, otros para no tocar el modelo hídrico. El clima, mientras tanto, no espera.

Colombia no necesitaba “inventar” la transición. Necesitaba tres decisiones aburridas: licencias en tiempo, baterías junto al parque y líneas que sí se construyan. Eso habría suavizado la sequía. No la habría abolido.

A Todo Control lo resume así: El Niño va a volver. La pregunta no es si hay tecnología. Es si la próxima vez el sol del Caribe va a servir de algo cuando el embalse esté en rojo.